El SIBO lo diagnostica y lo trata el médico. La nutrición acompaña ese tratamiento y no lo sustituye: que comas suficiente y variado, que no arrastres carencias y que tu lista de alimentos no se vaya acortando sin necesidad. Sobre el SIBO circula mucha información, a menudo contradictoria. Aquí tienes lo que dicen hoy las sociedades médicas sobre cuatro temas que salen casi siempre en consulta, también cuando la respuesta es que no hay pruebas suficientes. Si quieres que revisemos tu caso, lo hacemos en la consulta de nutrición para el SIBO.
Revisado por Luisa Castillo, dietista-nutricionista, el 26 de octubre de 2026.
Enzimas digestivas: útiles cuando falta una enzima concreta
Para que el intestino delgado tenga pocas bacterias intervienen el ácido del estómago, las secreciones del páncreas y la bilis, las defensas del propio intestino y su movimiento, que arrastra las bacterias hacia el colon. Las enzimas del páncreas, además de digerir, tienen efecto antibacteriano. Por eso, cuando el páncreas funciona mal, como en la pancreatitis crónica, aumenta el riesgo de SIBO. En ese caso las enzimas pancreáticas son un medicamento: lo indica el médico cuando hay insuficiencia pancreática exocrina, y la dosis no se sube por cuenta propia.
La lactasa es otro caso con respaldo. En la Unión Europea está autorizado decir que mejora la digestión de la lactosa en las personas que tienen problemas para digerirla, tomada con cada comida que contenga lactosa. La tolerancia a la lactosa varía mucho de una persona a otra; si sospechas que te sienta mal, lo vemos en la consulta de intolerancias alimentarias.
Lo que no está demostrado es que los complementos de enzimas digestivas traten el propio SIBO: ni el consenso español de 2025 ni la revisión de 2026 los incluyen entre los tratamientos. En consulta, a veces recomendamos fórmulas de apoyo a la digestión que combinan enzimas con extractos de plantas y otros nutrientes, según lo que necesite cada persona. Las indicamos para mejorar cómo te sientan las comidas y acompañar tu tratamiento, no para tratar el SIBO, el IMO ni el SIFO (sobrecrecimiento de hongos en el intestino delgado), y siempre dentro de lo que te haya pautado tu médico. Si ya tomas alguno, cuéntanoslo para revisar que sea adecuado para ti, sobre todo si tomas medicación.
Antimicrobianos: los antibióticos y los «naturales»
El tratamiento del sobrecrecimiento lo pauta el médico. Según el consenso español de 2025, el tratamiento de elección es la rifaximina, un antibiótico que apenas pasa a la sangre (menos del 0,4 %) y actúa dentro del intestino. No funciona en todos los casos: el mismo documento cifra su rendimiento entre el 59 % y el 63 % de curaciones, según la dosis y la duración, y recoge que la recidiva es alta, del 43,7 % a los nueve meses. Por eso, además del antibiótico, importa encontrar y tratar con tu médico lo que favorece el SIBO.
Los preparados de plantas que se venden como «antimicrobianos naturales» tienen menos respaldo: el consenso español concluye que no hay evidencia suficiente para incluirlos entre los tratamientos del SIBO. Un estudio con 104 pacientes, en el que cada uno eligió entre rifaximina y plantas, dio resultados prometedores, pero con un diseño abierto. Y en un ensayo hecho en Valencia con 179 pacientes, añadir plantas, probióticos, prebióticos y glutamina al antibiótico y a la dieta no mejoró el resultado del test de aliento, aunque los síntomas mejoraron más en el SIBO con metano.
Que sea natural no quiere decir que sea inocuo: las plantas medicinales no pasan los mismos controles que los medicamentos, y algunas pueden interactuar con medicamentos, con o sin receta. Si tomas alguna, díselo a tu médico y cuéntanoslo en consulta.
Estrés: qué se sabe y qué no
Los consensos sobre SIBO que hemos revisado no hablan del estrés. Donde sí hay datos es en el intestino irritable, que comparte muchos síntomas con el SIBO y que el consenso español incluye entre los problemas asociados a él. La guía de práctica clínica española del intestino irritable con estreñimiento (2017) recoge que el estrés psicológico se asocia a un empeoramiento de los síntomas digestivos; que algunos tratamientos psicológicos, como la terapia cognitivo-conductual y la hipnosis, pueden ayudar a controlar el dolor abdominal y a bajar el estrés, y que el ejercicio aeróbico ayuda a mantener el intestino en marcha y a reducir el estrés.
Por eso no tratamos el estrés como si fuera la causa del SIBO, porque las guías no lo cuentan entre sus causas, pero sí lo tenemos en cuenta al hacer el plan: horarios de comida que puedas cumplir y actividad física adaptada a ti. Si el estrés pesa mucho, puedes trabajarlo con Rosa-Àuria Munté, psicóloga de nuestro equipo. Si además tienes diagnóstico de intestino irritable, lo trabajamos en la consulta de digestivo e intestino irritable.
Sueño y horarios de comida
Los consensos de SIBO tampoco tratan el sueño. En el intestino irritable, en cambio, los problemas de sueño son frecuentes: un metaanálisis de 36 estudios los encontró en el 37,6 % de las personas con este diagnóstico, más que en quienes no lo tienen, aunque no permite saber qué causa qué. Y en un estudio pequeño, con 24 mujeres con intestino irritable, las noches en que dormían peor iban seguidas de más dolor abdominal al día siguiente.
Con los horarios de comida pasa algo parecido. El consenso español apunta que comer con horarios ordenados podría influir en el complejo motor migratorio, uno de los movimientos del intestino, y que en las personas con SIBO una de sus fases parece darse con menos frecuencia. Es una posibilidad, no algo demostrado. En consulta preguntamos por tu descanso y lo tenemos en cuenta al repartir las comidas del día.
Para el descanso damos pautas sencillas: horarios regulares, cena pronto y ligera, y cuidar la luz y las pantallas por la noche. A veces valoramos un complemento de magnesio o de melatonina. La Unión Europea autoriza decir que 1 mg de melatonina tomado antes de acostarse contribuye a reducir el tiempo que se tarda en dormirse; para el magnesio no hay ninguna alegación autorizada sobre el sueño (sí sobre el cansancio y el sistema nervioso). Ninguno trata el SIBO. Si tomas medicación, estás embarazada o en lactancia, consúltalo antes con tu médico.
Fuentes
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